May 19, 2017

El verdadero Dorado del fútbol colombiano


No, no fue el de Millonarios en los 50's, ni el de América en los 80's, ni el de Nacional y Santa Fe en el último lustro.

El verdadero Dorado de la liga colombiana coincidió con la primera década del siglo XXI: competición pareja, donde hubo diez campeones diferentes (América de Cali, Independiente Medellín, Once Caldas, Deportes Tolima, Junior de Barranquilla, Atlético Nacional, Deportivo Cali, Deportivo Pasto, Cúcuta Deportivo y Boyacá Chicó), además de las victorias internacionales de Millonarios (Copa Merconorte 2001) y Once Caldas (Copa Libertadores 2004).

Razones para esta homogeneidad puede haber varias: saneamiento paulatino del influjo del narcotráfico, acostumbramiento a un nuevo formato del campeonato, inicio de la cobertura de la televisión satelital a todos los partidos permitiendo un juicio de control más certero al trabajo arbitral por parte de aficionados y directivos... o que entre todos se intercalaran la trampa, al mejor estilo rioplatense.

Es, sin embargo, bajo estas condiciones de uniformidad, cuando cualquier ayuda extra financiera, arbitral, ó mediática hacia un equipo, por pequeña que sea, trae consigo el desequilibrio, y por consiguiente, el famoso "aburrimiento-amaño" de las competencias.

En Colombia, el caso actual con el Atlético Nacional es bien sabido (donde se combinan ayudas sutiles en los tres frentes: financiero, arbitral, y mediático). Pero en España también ha ocurrido, que por un reajuste a los derechos de transmisión televisivos (la fuente más gorda de ingresos para los equipos), la liga quedó reducida a una monótona competición bicéfala entre Real Madrid y Barcelona. De la misma forma, el mundial de clubes y el mundial de fútbol, que otrora se repartían parejo entre Europa y Suramérica, se convirtieron en una ceremonia de predecible resultado debido al marketing humano y de marcas eurocentrista.

Y no solo ocurre en fútbol. Tengamos presente el vulgar ejemplo de Lance Armstrong, el ex-séptuple campeón del Tour de Francia ayudado químicamente, o de Michael Schumacher, descaradamente impulsado por la FIA y por el gregarismo que expuso a la luz pública muy brillantemente Rubens Barrichello.

La pregunta es: ¿cómo retornar a esa uniformidad cuando nuestra naturaleza pareciera deleitarse en ambas cosas a la vez? Ansiamos la justicia robinhoodense pero también procuramos el predominio eterno de quien está en la cima, seamos los vencedores o los vencidos.