Jun 30, 2017

En este pueblo no cabemos los dos




La alcaldía de Enrique Peñalosa, en términos de transporte, ha sido un desastre, al igual que la de todos sus predecesores.

Pero Peñalosa no es el problema: él está donde está porque recibió 900,427 votos, seguramente la mayoría provenientes de familias cuyo ingreso principal viene de conducir bus, taxi o camión. Ése tampoco es el problema.

El problema es el planteamiento radical del que se han valido la política y los medios para hacernos escoger entre blanco y negro, sin un mínimo tinte de integración.

¿Santos o Uribe?  ¿Petro o Peñalosa?  ¿Mariana o Nairo? ¿rolos o paisas? y si nos remontamos lo suficiente ¿godos o liberales? ¿bolivarianos o santanderistas? Es lo que se conoce coloquialmente como la patria boba: ponernos a pelear a los unos contra los otros para satisfacer el arcaico pero aún efectivo principio de Divide y Vencerás.

Pues con el transporte en Bogotá ha sucedido lo mismo: los medios, la política, e infortunadamente muchos ciudadanos también, se comieron el cuento que hay que escoger entre sistemas de transporte: ¿bus o metro? ¿camión o tren? ¿taxi o bicicleta?

La respuesta es que un sistema integrado de transporte es aquel que incluye TODOS los medios posibles de transporte: Bus Y metro Y tren Y bicicleta Y camión Y taxi Y bicitaxi Y Peatones Y un largo etcétera, pero si se sigue planteando como una escogencia y no como una inclusión es de esperar que los gremios de taxis, de buses, de camiones, siempre se reboten ante la noticia de la construcción de un tren o de un metro.

Hasta ahora los alcaldes han hecho la fácil: defender lo que ya existe, porque infortunadamente no hay votos de trabajadores del metro o del tren, porque NO HAY metro ni tren.

El proceso de inclusión es lento y arduo. Para mí sería un sueño hecho realidad ver el metro y el tren de cercanías en Bogotá, pero si simplemente se construyen y no se integran los demás servicios, vamos a ver seguramente conductores del Transmilenio rompiendo las ventanas del metro y los taxistas bloqueando las vías del tren con piedras.

Primero cultura, primero inclusión, primero mirarnos y aceptarnos a nosotros mismos antes de avanzar en infraestructura, y así cultura e infraestructura podrán ir de la mano.