La alcaldía de Enrique Peñalosa, en términos de transporte, ha sido un desastre, al igual que la de todos sus predecesores.
Pero Peñalosa no es el problema: él está donde está porque recibió 900,427 votos, seguramente la mayoría provenientes de familias cuyo ingreso principal viene de conducir bus, taxi o camión. Ése tampoco es el problema.
El problema es el planteamiento radical del que se han valido la política y los medios para hacernos escoger entre blanco y negro, sin un mínimo tinte de integración.
¿Santos o Uribe? ¿Petro o Peñalosa? ¿Mariana o Nairo? ¿rolos o paisas? y si nos remontamos lo suficiente ¿godos o liberales? ¿bolivarianos o santanderistas? Es lo que se conoce coloquialmente como la patria boba: ponernos a pelear a los unos contra los otros para satisfacer el arcaico pero aún efectivo principio de Divide y Vencerás.
Pues con el transporte en Bogotá ha sucedido lo mismo: los medios, la política, e infortunadamente muchos ciudadanos también, se comieron el cuento que hay que escoger entre sistemas de transporte: ¿bus o metro? ¿camión o tren? ¿taxi o bicicleta?
La respuesta es que un sistema integrado de transporte es aquel que incluye TODOS los medios posibles de transporte: Bus Y metro Y tren Y bicicleta Y camión Y taxi Y bicitaxi Y Peatones Y un largo etcétera, pero si se sigue planteando como una escogencia y no como una inclusión es de esperar que los gremios de taxis, de buses, de camiones, siempre se reboten ante la noticia de la construcción de un tren o de un metro.
Hasta ahora los alcaldes han hecho la fácil: defender lo que ya existe, porque infortunadamente no hay votos de trabajadores del metro o del tren, porque NO HAY metro ni tren.
El proceso de inclusión es lento y arduo. Para mí sería un sueño hecho realidad ver el metro y el tren de cercanías en Bogotá, pero si simplemente se construyen y no se integran los demás servicios, vamos a ver seguramente conductores del Transmilenio rompiendo las ventanas del metro y los taxistas bloqueando las vías del tren con piedras.
Primero cultura, primero inclusión, primero mirarnos y aceptarnos a nosotros mismos antes de avanzar en infraestructura, y así cultura e infraestructura podrán ir de la mano.
