Llegó el momento del peligro, cuando el suelo se abrió en abismos,
y los muertos yacían inquietos en contra nuestra.
Nuestras varas de hierro y mazos de piedra no prevalecieron,
y algunos incluso dudaron del Plan del Constructor.
Sin embargo, los sellos se mantuvieron firmes,
y los pocos que se quedaron triunfaron,
y los que dudaron fueron tendidos en los cimientos del santuario nuevo.
-- Recolección de cartas del herrero exiliado

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