La piedra no puede saber por qué el cincel la rompe;
El hierro no puede saber por qué el fuego lo abrasa.
Cuando vuestra vida esté despedazada y en llamas,
cuando la muerte y la desesperación os acechen,
no os deis golpes de pecho ni maldigáis vuestro nefasto destino,
sino agradeced al Constructor por las pruebas que os moldean.
-- Libro de los Principios del Mazo

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