Feb 24, 2022

No se deje engallar

Nuestro país avanza, como todos los demás, por ciertos caminos que la sociedad, la técnica y la naturaleza le imponen. Sin embargo, en lugar de haber gozado de un desarrollo pleno y sostenido, nos quedamos estancados en una época gloriosa de principios del siglo XX, y nos hemos limitado desde ese entonces a simplemente engallar nuestra infraestructura y nuestros protocolos, de la misma manera en que un conductor clásico engallaba su buseta con imágenes de la Virgen del Carmen, relojes de plata y de oro, la bola ocho en la palanca de cambios, y los flecos colgando de los espaldares de los asientos, mientras que lo verdaderamente importante (el motor, la amortiguación, los frenos, la carrocería, los neumáticos) seguía desgastándose y avejentándose sin la esperanza de una renovación pronta o tardía.



Así, nuestras ciudades crecieron sobre las mismas calles de dos carriles que eran suficientes para la población a la sazón, pero que ahora deben dar abasto a carriles exclusivos de bus, ciclorrutas, zonas de parqueo, motocicletas, metro por arriba... tráfico mixto en general, convirtiéndose claramente en un mamarracho, en una burla de lo que realmente se necesita.

La política, obviamente, no ha sido ajena a este espíritu engallador, y con el paso del tiempo, lejos de denunciar la situación, se ha especializado en ocultarla, así como la pintura nueva oculta las décadas de rodaje de un bus viejo, por unos cuantos segundos, claro está. Pueden estar parados encima del muerto, y dicen que las calles son seguras; pueden tener la mitad del país a merced de los carteles mexicanos, y aun así decir que el gobierno ejerce su soberanía y control sobre todo el territorio nacional; pueden tener las pocas camas UCI llenas, y aun así decretar que el virus tiene prohibido salir a las calles de 7 pm a 2 am.

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